Hipoteca inversa: la verdad sobre el populismo

En estos tiempos de incertidumbre y de destrucción sistemática del empleo – así como de sectores importantes de la economía -, conviene hablar de una medida que ha sido acogida por diversos países a lo largo del mundo con abrumador éxito, esto es, la hipoteca inversa.

Ahora bien, sea lo primero manifestar que contrario a lo que algunos sectores de la política colombiana han afirmado de manera sistemática, la hipoteca inversa no es una modalidad de expropiación, ni se asemeja a esta medida excepcional en forma alguna. Igualmente, resulta indispensable afirmar de entrada que la figura jurídica de la hipoteca inversa no es una imposición ni un mandato coercitivo, sino por el contrario, esta se erige como una medida opcional, es decir, en últimas es el individuo beneficiario el que decide si la toma o no.

En este orden de ideas,  en la actualidad 38 países a lo largo del mundo se han destacado por implementar con éxito dicha figura. En América Latina por ejemplo, economías robustas como las de Perú y Chile la han acogido. En Europa, Inglaterra, Francia y los Países Bajos también se han destacado por permitirle a los ciudadanos adoptar esta herramienta jurídica que no tiene otra finalidad que la de capitalizar un activo – bien inmueble – que no produce renta para aquellos ciudadanos que en razón de su edad, no pueden – o se les dificulta – ingresar al mercado laboral o generar ingresos extra que les permitan subsistir.

Así las cosas, resulta preciso manifestar que actualmente en Colombia el 67% de los adultos mayores cuentan con una vivienda propia pero a su vez, solo el 28% de la población mayor cuenta con una pensión o un ingreso mensual destinado a su manutención. ¡Qué ironía! La gran mayoría de ancianos colombianos tienen una vivienda propia en donde vivir, pero no ingresos para garantizarse una autosuficiente y congrua subsistencia.

Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, vale la pena enunciar de manera somera en qué consiste dicha figura. Así entonces, la hipoteca inversa es precisamente lo contrario a la hipoteca convencional, tal y como se esgrime en  el Código Civil colombiano. En consonancia con lo anterior, la hipoteca inversa implica en un primer momento, que una persona mayor – de 65 años –, que ostente la titularidad de un bien inmueble, pueda acceder al pago de un emolumento mensual – o pago único – por el resto de su vida  – emolumento que será cancelado por parte de una entidad financiera autorizada – a cambio de la cesión del bien a favor de una entidad financiera autorizada una vez el beneficiario fallezca.

Así entonces, quién decida acceder a esta medida percibirá una asignación que cuyo valor dependerá de diversos factores, como por ejemplo: (i) el avalúo de la vivienda – que será realizado por una entidad independiente y que será actualizado cada cinco años -, (ii) la edad de los solicitantes y (iii) la modalidad de la hipoteca inversa seleccionada – tema que será explicado en una futura columna a mayor profundidad -.

Lo verdaderamente importante de esta figura es que la asignación mensual – en caso de que se elija esta modalidad de hipoteca – que reciban las personas mayores, persistirá hasta la fecha de defunción de estas y se le permitirá a los mismos seguir habitando en el inmueble de su propiedad.

Lejos de ser una expropiación tal y como ciertos populistas han querido hacerle creer de manera errónea a la opinión pública, la hipoteca inversa se convierte en una herramienta de capitalización sumamente importante para un segmento de la población que – en razón de su edad, su incapacidad de acceder al mercado laboral y al altísimo porcentaje de adultos mayores que cuentan con al menos un bien inmueble pero no con una pensión de vejez -, les permite tener tanto un sustento para su manutención, como una vivienda digna en la que habitar hasta el último de sus días.

Finalmente, el llamado que se pretende hacer es al de la cordura. En esta época de profundos cambios sociales y económicos, solamente sobrevivirán las sociedades que aprendan a adaptarse más rápido y mejor. Urge una multiplicidad de cambios estructurales, es cierto, – especialmente en el campo tributario -.

Precisamos de menos impuestos, de menos trámites, de menos regulaciones y de más empresas y actividades generadoras de riqueza. Mientras tanto, cualquier medida que se adopte para garantizarle a uno de los segmentos poblacionales más vulnerables un ingreso idóneo – que no provenga de una mayor carga tributaria – es absolutamente bienvenida.

Juan Antonio Martínez Karner

KBSV Abogados

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